La Fonda amurallada de Musgrave


Los PJs comenzaron sus andanzas como aventureros de la campaña La última búsqueda de Birgit llegando, durante una noche tormentosa, a la Fonda amurallada de Musgrave, en las tierras del Norte de Faerûn.

El río Cursograna nacía cerca de los picos gélidos del Espinazo del Mundo, en las montañas del Bosque Drúar. Serpenteaba entre pinos, píceas y abetos antes de abrirse hacia el sur, atravesando un paso flanqueado por el frondoso Bosque de la Luna y la inquietante y sombría espesura de Los Árboles Nocturnos, para continuar sobre un prado de brezos, helechos y musgo en las Tierras de la Luna.

La Fonda amurallada de Musgrave se alzaba junto a un maltrecho puente que cruzaba el río Cursograna, unas pocas millas antes de que el cauce fluvial virara hacia el este al encuentro de las imponentes y escarpadas Montañas Nezher. Se había erigido sobre las ruinas de una antigua fortaleza de vigilancia fronteriza. Era una construcción rectangular de roca firme, con dos edificaciones asimétricas formando una ele y un patio frontal parapetado tras altos muros. El edificio principal, de gran tamaño, albergaba los alojamientos comunales y privados, la taberna, la despensa y la bodega. El otro edificio, más modesto, incluía los establos y un rincón con las letrinas. En el patio había un pozo y un cobertizo, y quedaba espacio para acoger unos pocos carros de comercio. El único acceso exterior al recinto era un firme y grueso portón de roble con recios postigos y herrajes de refuerzo, bien atrancado para evitar la incursión de cualquier maleante o criatura vil de los alrededores.

La noche se avecina y os sentís aliviados de encontrar, por fin, la columna de humo que emana de la chimenea de la Fonda amurallada de Musgrave, en el camino que conduce al Pozo de Beorunna, túmulo ancestral de los bárbaros úzhgardt.

La lluvia os ha calado y helado durante las últimas horas de viaje y parece que no cesará. Tras un largo camino, por fin descansaréis tras el abrigo de unos muros, junto al calor de un buen fuego, con comida, bebida y compañía.

Estáis en las Tierras de la Luna, en el linde oriental del Bosque de la Luna, una región abrupta y peligrosa. Se menciona que estas tierras, mencionadas en relatos de trovadores y borrachos de taberna, alberga tantos peligros como riquezas y leyendas.

La taberna de la Fonda amurallada de Musgrave era un lugar amplio, cálido y acogedor, un inesperado rincón de reposo en unas tierras tan alejadas e inhóspitas.

Constaba de un gran salón comunal que ocupaba la mayor parte de la planta baja del edificio principal, con grandes mesas de roble y bancadas vestidas con mullidas piezas de piel y lana, y flanqueado por cubículos para conversaciones privadas que se enclaustraban bajo altillos repletos de barricas de vino y cerveza, y enormes sacos de provisiones.

Cuencos con guisos suculentos y jarras llenas de diferentes líquidos eran servidos entre las mesas por dos mozas y dos mozos jóvenes. Un mesonero de mediana edad se afanaba tras un largo mostrador, entre barriles, odres, frascos y botellas, para atender las comandas de bebidas, mientras una mujer madura y una anciana se manejaban con maestría frente a grandes ollas y generosas piezas de animal que cocinaban sobre brasas ardientes en el interior de un espacioso hogar de lumbre entre arcos de piedra. El aire estaba impregnado de los benditos aromas de tal suculenta comida.

Al fondo, algo separada del bullicio, una confortable chimenea de leña crepitaba frente a varias cómodas sillas tapizadas conformando un espacio recogido donde fumar en pipa, disfrutar de un elixir o licor, o escuchar la música y las historias de algún juglar.

Los personajes interactuaron con varios de los residentes y visitantes de la Fonda amurallada de Musgrave.

  • Ordan el posadero y su extensa familia, quiénes regenteaban y atendían el lugar.
  • Un mercader adinerado y déspota llamado Falen, que se dirigía con su escolta personal a cerrar algún negocio en una aldea llamada El Paso de Dardan.
  • Un montaraz y curandero llamado Goldang, quién también se dirigía a El Paso de Dardan, a ofrecer sus servicios, pues había escuchado rumores acerca de una extraña enfermedad que estaba azotando la pequeña villa de mineros y diezmando su población.
  • Una docena de fornidos y bravucones bárbaros úzhgardt de muy cuestionable rectitud, que se acompañaban de mujeres zalameras ante las que voceaban y fanfarroneaban en un ejercicio de brutal virilidad. También había llegado a sus oídos el rumor de la extraña enfermedad de El Paso de Dardan. Lo celebraban, pues consideraban a los habitantes de esa aldea, encabezados por un tal Mayor Christopher Sendars, invasores en su territorio.
  • Una pareja de cazadores y tramperos cansados y de miradas perdidas, que regresaban a sus tierras tras haber perdido a tres compañeros a manos de una banda de trasgos extremadamente violentos.
  • Un elfo errante y contador de historias llamado Zandor, que decía estar de nuevo de paso por estas tierras que conocía de tiempo atrás.
  • Grepp, Runcan y Brej, lugareños ancianos y borrachos que entremezclaban historias y chismes locales con supuestos mitos y leyendas del Bosque Drúar, y de una extraña animosidad de los trasgoides en los últimos meses, como si la oscuridad se hubiera hecho más fuerte.
  • Siete tipos sombríos, ataviados con vestimentas oscuras, encabezados por una mujer pálida de cabello blanco entrelazado por un cordel de plata, que se parapetaban en un reservado tras una gruesa cortina.

En este escenario se sucedieron contactos y acontecimientos que invitaron a los PJs a dirigirse hacia la pequeña aldea de El Paso de Dardan.